TREN A MACHUPICCHU

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Una y media en la mañana, sin asiento ni intermedio, estación Ollantaytambo- coche “G”, del ferrocarril que me llevará a Machupicchu. Estos fierros viejos van andando, y mi corazón está saltando, y no me digas pobre, por ir viajando así… Parte modificada del tema “tren al sur” de los prisioneros, que sonaba fuerte en la década de los 90´ haciendo recordar nuestra juventud.

El jueves 3 de enero del presente año, junto a Willy Goyzueta nos trasladamos a Machupicchu, el nuevo alcalde y amigo nuestro Darwin Baca León, juramentaba junto a su equipo edil; contando con la voluntad e invitación para poder asistir a este grato evento, sonó mi teléfono a las 2:03 am, me informaban que debía esperar en la puerta de mi casa a las 2:30 am, pues teníamos que llegar a Ollantaytambo máximo a las 4:00 de la madrugada. A velocidad moderada llegamos a la estación ollantina a tiempo, una gran “cola” de pasajeros nacionales y residentes pugnaban por adquirir un boleto; luego de 40 minutos en “fila india”, logramos adquirir un ticket de viaje, hora de salida 4:50 am, coche “G”- sin asiento. Abordamos el coche que estaba repleto de pasajeros, todos los asientos ocupados, y los intermedios en exceso, muy cerca de la puerta de acceso, no podía moverme, y el sueño nos pasaba factura, por la demasiada congestión pues seguían subiendo pasajeros en Piscacucho- km 82, también en Qorihuayrachina- km 88, con lo que los pasajeros no podían ni ir al  baño, el tren debía cruzarse con el de sentido contrario en Pampacahua, sin embargo esperamos como veinte minutos adicionales para realizar el cruce en Qorihuayrachina, en conclusión un viaje en condiciones infrahumanas, haciéndome recordar a la cabaña del tío Tom, en el traslado de esclavos.

Coincidí con Fernando, un ayudante de Chef que llevaba provisiones de alimentos para su grupo de turistas que “hacían el camino inca”, debía de bajar en el Km 104, sin embargo el tren nunca se detuvo hasta Aguas Calientes, con lo que este infausto peruano, tenía que caminar 2 horas adicionales más, con una carga de 30 kg. Aproximadamente, simplemente por el capricho de Perú Rail, que le interesa un comino la atención a los pobladores de esta parte del territorio cusqueño.

El tren llegó a Machupicchu, bajamos y nuevamente teníamos que hacer “cola”, otros 60 minutos para poder adquirir el pasaje de retorno, nos encontramos con Leocadio Madera, alcalde de Yucay, quien también esperaba su turno para poder adquirir su boleto de regreso a su tierra “Chihuan”, los horarios a escoger 18:30 horas y 22:00 horas, también sin asientos, algunos pasajeros conseguían uno, sin embargo el alcalde yucaino y su comitiva, tuvo que regresar de intermedio y parados.

Salimos de Machupicchu, luego de brindar con un par de cusqueñas 620 ml a S/ 14.00 la unidad, no nos dimos cuenta de las cuatro horas que duró el viaje, y estuvimos de regreso en la ciudad del Cusco, a las 1:30 am, luego de cruzar la ciudad imperial llegué a casita a las 02:10 de la mañana, molidos como si nos hubieren apaleado, pero alegre y con la satisfacción del deber cumplido.

Sin embargo haciendo un análisis del comportamiento empresarial de esta transportadora de pasajeros, a simple vista se puede observar que existe un maltrato al pasajero local, al que le dan a escoger los peores horarios de viaje, y con un maltrato físico al tener que viajar sin asiento, y sin respeto de los protocolos de utilización del ferrocarril, de otro lado alguna vez la operadora de este servicio le colocó el nombrecito de “servicio social”, como si se tratase de un “favor especial” a los ciudadanos y pobladores del distrito turístico más importante de América, luego de ello con la entrada de los otros operadores como Inka rail, cambiaron por el nombre de tren local. Las frecuencias para atender a los turistas nacionales e internacionales han crecido geométricamente, sin embargo las brindadas a los residentes y pasajeros locales no se han incrementado, y las condiciones de trato dejan mucho que desear, espero que los frentes de defensa de los intereses del pueblo, y nuestras autoridades puedan hacer valer el derecho de las personas a la igualdad, a la no discriminación, y sobre todo al buen servicio. Dejen de mojar que no hay quien planche. Hasta la vista, y punto.

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