Reforma Laboral y Sindicalismo en el Perú.

0
151
Desde el Pulpinazo, el tema laboral ha dado apertura a una serie de discusiones, las cuales han quedado inconclusas, años más tarde vivimos otro intento de precarizar la mano de obra de los jóvenes, en Cusco esta vez son los estudiantes de los institutos los que salieron a las calles contra la ley Bartra, ley que planteaba el recorte de derechos laborales a los y las jóvenes que ingresaban al mercado laboral. Por otro lado, los trabajadores de los sindicatos de hoteles y de la empresa PeruRail exigiendo el aumento de utilidades, y denunciando los abusos laborales, como también los trabajadores de la empresa de Backus, sin embargo, muchos de ellos sancionados y despedidos.

 Hemos tenido marchas de todo el año desde el sector de los sindicatos de trabajadores de los municipios, del sector salud, de las obreras y obreros de construcción civil por más plazas de trabajo. Seguramente encontraremos en el Ministerio de Trabajo más denuncias tanto de sindicatos, como de trabajadores informales. 

Carlos Mejia es Sociólogo sanmarquino y Magister en Relaciones Laborales por la PUCP. Ha sido asesor de la CGTP y de la FTCCP y ahora se desempeña como asesor independiente e investigador en temas de mercado laboral, negociación colectiva, sindicalismo, capacitación, organización e identidad laboral, entre otros. Coméntanos:

 

–          ¿Qué pretende el MEF con esta ley de reforma laboral?

Desde hace algunos años, un sector de la tecnocracia neoliberal que se encuentra ubicada en el Ministerio de economía y finanzas (MEF) busca impulsar una reforma laboral que, en la lógica de ellos, flexibilice el mercado laboral.

Ellos parten de un diagnóstico a mi juicio erróneo, por el cual los empresarios requieren de una amplia libertad para contratar y despedir trabajadores. Asimismo, buscan reducir los días de vacaciones, el pago de la CTS y las gratificaciones de julio y diciembre. Todo lo cual, supuestamente debería servir para incrementar la formalidad y dinamizar el empleo.

Ahora bien, estas propuestas tienen el respaldo político de la CONFIEP o más específicamente de las grandes empresas que operan en dicho gremio. En estas empresas hay sindicatos que son como piedras en el zapato. El objetivo general de las  empresas grandes es eliminar la acción de los sindicatos mediante esta reforma laboral.

–          ¿Con esta reforma el trabajador y la trabajadora mejoran su condición laboral?
Definitivamente no. Hay bastante evidencia empírica, estudios y data fuerte, en donde se muestra que desregular el mercado no incrementa el empleo adecuado ni reduce la informalidad laboral. Hace un par de décadas que tenemos el régimen especial para las agroexportaciones. Es un régimen laboral con menos derechos, menos vacaciones, sin CTS ni gratificaciones. Y el empleo en dicho sector se desarrolla en condiciones de altísima precariedad. En las MYPES ocurre algo similar. Menos derechos y la tasa de informalidad no se ha movido.

Con la reforma promovida por la CONFIEP y el MEF lo que tendremos es más precariedad laboral y menos sindicatos.

Tengo la impresión de que dentro de las diferentes medidas promovidas por el MEF, para las grandes empresas, el objetivo principal es eliminar el derecho de reposición en caso de despido. De esta manera, los trabajadores sindicalizados que sean despedidos por su empleador no tendrán el derecho a regresar a su trabajo sino sólo podrán recibir una indemnización. Así buscan debilitar a los sindicatos.

 

–          ¿Cuál ha sido la respuesta de la CGTP?

Entiendo que la central sindical está coordinando acciones de respuesta en diferentes niveles. Por un lado, analizando la propuesta de reforma para desarmar sus argumentos, con evidencia técnica y empírica. Esto es importante y necesario.

También hay una coordinación política, para articular fuerzas en el parlamento, en los espacios políticos que busquen desorganizar el lobby empresarial.

Finalmente, se coordina a nivel social, con los sindicatos de base y con la sociedad civil organizada para dar una respuesta en las calles. El próximo 15 de enero se esta trabajando para una Jornada nacional de Lucha. Eso me parece necesario y pertinente. Espero que en todo el país se realicen movilizaciones.

 

–          La agenda laboral ha conglomerado históricas movilizaciones, muchas de ellas de resistencia en contra de leyes. ¿Porque la afiliación, la organización permanente ha disminuido en la gente, y los que hemos nacido después de los 90’ ya no es algo esencial sindicalizarnos?

Es parte del triunfo del modelo neoliberal. En los 80 y 90, entre el desastre económico del primer gobierno de Alan García, el conflicto armado y la dictadura de Fujimori se ha impuesto una cultura conservadora, individualista, antipolítica que desconfía de la acción colectiva, de la solidaridad y por tanto de los sindicatos.

Es cierto que también los sindicatos no han sabido ni han podido renovarse, en el nuevo escenario. Hay nuevos actores sociales producto del desigual crecimiento económico de la primera década del presente siglo. Hay cambios en la matriz productiva del país, hay cambios en el mercado laboral y todo eso, el sindicalismo clasista no lo ha sabido procesar, tampoco la izquierda ciertamente. Lo cual agrava la situación tanto de los sindicatos como de los sectores populares en general.

En la actualidad tenemos una de las tasas de afiliación más pequeñas de América latina. Estamos alrededor del 5% y por eso, el sindicalismo que se desarrolla es meramente de defensa, de aguante, de resistencia y le cuesta mucho tener iniciativa.

–          Las federaciones regionales de trabajadores actualmente la gran mayoría de sus afiliados son sindicatos de construcción civil o ambulantes y otros sectores importantes, pero ¿que tendrían que hacer las federaciones para llegar a ese sector de jóvenes varones y mujeres que tienen trabajos temporales, trabajos tercerizados, trabajos informales? ¿crees que necesitan renovarse?

Hay un problema de fondo que es la debilidad estructural de los sindicatos en el país. Eso pone algunos límites muy precisos. Pero creo que siempre es posible hacer algo. Una primera acción es fortalecer lo existente. Es decir, hay que dedicar mucho tiempo y recursos a la formación y capacitación de los liderazgos populares, sindicales. En el país hay mucha improvisación, mucho espontaneísmo, mucho caudillo iluminado. Los cuadros nuevos no quieren leer, no tienen idea de la historia ni de lo que pasa en otros lados. Todo es el presente y mi grupo de referencia. Muchos líderes o cuadros viven en una suerte de burbuja donde sólo conversan con afines. Y esto es por las redes sociales en parte. Facebook no puede ser la escuela política de los sindicatos ni de la izquierda. Hay que estudiar con seriedad, hay que mirar más allá y hay que discutir sin temor.

Luego, hay que defender lo existente, haciéndolo mejor. Eso implica fortalecer la institucionalidad de sindicatos. Más democracia interna, más participación, más respeto a los estatutos, más coherencia. Aquí todos los grupos hablan de promover a las mujeres o a los jóvenes, pero el día del congreso, el día de las elecciones, todos los elegidos son hombres y viejos.

Luego, y después de lo anterior, podemos buscar nuevos y mayores lazos con la sociedad, con los grupos desorganizados. Sin un equipo sólido, es decir, cuadros formados dentro de una estructura coherente, tratar de organizar a otros, se convierte en un traslado de problemas, de tirrias y defectos.

–          En Cusco hay un sector sindical de turismo muy importante que son los Hoteles, y algunas de otras empresas privadas, y agencias, restaurantes, que la gran mayoría son trabajos informales ¿Cuál debería ser su siguiente paso para tener mayor fuerza voz en el Cusco?

Esta pregunta me sirve para terminar lo que venía desarrollando en la anterior. A nivel sindical, con la estructura laboral que tenemos, y con la negociación colectiva a nivel de empresa; no vamos a llegar a nada, hagamos lo que hagamos.

El sector turismo que señalas esta desorganizados laboralmente, es decir, no hay sindicatos. Y no los hay porque son empresas pequeñas, con trabajadores débiles y empresarios fuertes. Se forma un sindicato en un hotel y en un mes todos han sido despedidos. Aquí se requiere de sindicatos de rama que negocien por rama. Eso supone cambiar el marco legal. Hay que buscar que la ley permita y promueva la negociación por rama. Sin eso, lo que tendremos son explosiones sociales, es decir, un malestar que estalla una semana y luego todo regresa a lo mismo.

Por lo pronto, los trabajadores de hoteles y restaurantes deben de formar un buen sindicato provincial que los agrupe a todos, pero debe ser un sindicato grande. Con 50 personas no puedes hacer que la Cámara de Comercio del Cusco se siente a negociar contigo. Con varios miles, probablemente si.

–          ¿Cómo podríamos construir una ley general de trabajo que sea a la altura de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras?

Como verás, no soy muy optimista. Trato de no dejar que mis deseos y expectativas reemplacen el análisis concreto de la situación concreta. La Ley General de Trabajo fue la gran ilusión del sindicalismo a inicios del presente siglo. Era ciertamente una buena idea, pero creo que los sindicatos al segundo año de Toledo debieron darse cuenta que no se iba a promulgar.  Al final se pasaron casi una década en idas y vueltas y al final, nada. Nada de nada.

Y eso es porque no hubo una adecuada ponderación de algo que ahora no se menciona, que es la “correlación de fuerzas”. Es decir, en la política, como en la economía, como en la sociedad, los actores, los jugadores no desarrollan sus acciones, sus estrategias en un piso parejo, en una cancha igual. Hay diferencias de poder, de acceso a recursos y hay momentos de auge y momentos de reflujo. Pensamos que el Estado y el gobierno son lo mismo y que actúan de manera coherente y homogénea. Pero no es así. El Estado a veces es árbitro, a veces juega con una camiseta y a veces ni juega.

Creo que en esa coyuntura se desarrolla un sesgo que me parece pernicioso en el movimiento sindical y en la izquierda en general. Los compas que analizan la situación política y los que deciden tanto en las organizaciones políticas como sindicales, trastocan su particular subjetividad en un dato de la realidad. Su optimismo, su voluntarismo, su radicalismo se convierte en un elemento objetivo que permite justificar las decisiones que se toman.

Y así, los análisis políticos parecen fluir en un constante ascenso del movimiento popular, en una oleada permanente de conciencia de clase. Cada paro es un triunfo, cada marcha un éxito, cada congreso un hito histórico y se pierde la capacidad autocrítica, la evaluación objetiva y por lo tanto, la brújula política.
Todo lo anterior es para decir que, en los próximos años, el sindicalismo no tiene capacidad para promover una Ley general de trabajo acorde a sus intereses. Pensar que es posible, es una fantasía.

–          La economía y los derechos se han convertido solo en un tema y propuesta de la elite empresarial, ¿Cómo podríamos consolidar una propuesta y enraizar el tema laboral en la gente?

Mi impresión más bien es que el tema laboral, “el problema laboral” más específicamente está enraizado en el sentido común de las personas. Los casos de las muertes de trabajadores encerrados por su patrón, los maltratos a las empleadas del hogar, los despidos de mujeres embarazadas, los contratos temporales, los cientos de miles de personas que trabajan sin el más mínimo contrato ni protección, en fin, la precariedad pura y dura, es conocida por las mayorías. Todos tenemos un pariente o un amigo que tiene un trabajo de mierda.

La gente lo sabe, por eso cada vez que se amenaza un derecho como en el caso de las leyes de empleo juvenil o cuando se dice que se reducen vacaciones, pues la opinión pública rechaza esto y un buen grupo sale a protestar.
Es cierto, sin embargo, que al sindicalismo le falta un discurso, una narrativa que vaya más allá de la protesta, de la marcha. El Perú sigue teniendo un sindicalismo de los años 90, muy a la defensiva y con dificultad para abordar nuevos temas y nuevos sectores.
Es cierto que frente a la ofensiva empresarial, el sindicalismo prioriza la defensa y las movilizaciones, eso está bien, pero ayudaría tener una línea de trabajo en eso que en Europa llaman “análisis de discurso” que debería estar muy, pero muy articulado con algo más habitual como es táctica y estrategia.

 

–           ¿Cuál sería tu mensaje para la gente?
Más que a la gente, así en general, prefiero pensar en los dirigentes sindicales menores de 30 años. A ellos les diría que deben leer, deben estudiar. Cuando te eligen dirigente no te cae del cielo la sabiduría. Les diría que no deben olvidar que el sindicato no es su parcela, ni su chacra. No pueden ser dirigentes toda la vida. Les diría que deben darle poder y autoridad a las mujeres, que seguro hay mujeres en la empresa y en el sindicato. Les diría que un buen sindicato es aquel que defiende a todos los que necesitan defenderse, sin mirar colores, género, ideologías, simpatías.  Y un buen dirigente es el que sabe escuchar y toma decisiones pensando en el bien común y no en el de su grupo, partido o argolla.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

*