Los herederos de la pobreza en Cusco

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Balance negativo. Cuatro de cada diez cusqueños son pobres a pesar de que en los últimos quince años en la región hubo una inversión de alrededor de S/ 80 mil millones. Falta de acceso a servicios básicos es una constante, principalmente en las zonas rurales.

Multidimensional. Honorata, una mujer de la comunidad de Waracha, no sabe leer ni escribir. Foto: Melissa Valdivia

Por: José Salcedo

Honorata se toma una foto. Está vestida con su colorido traje y de fondo se aprecia el nevado Ausangate, en las alturas de Ocongate (Quispicanchi), a tres horas de viaje de la ciudad del Cusco.

Esta notable postal esconde otra realidad. La miseria económica de Honorata.

La anciana es pobre desde su nacimiento. No recuerda cuántos años han pasado desde que empezó su vida con estrecheces. En cambio, tiene el recuerdo fresco de su padre Fortunato, un campesino pobre y viejo que bebía mucho.

De aquel hombre, adicto al alcohol, solo heredó su pobreza y una vetusta vivienda en la comunidad campesina de Waracha, un paraje sobre una colina rodeada de nevados, pampas de ichu y fuertes vientos que golpean el rostro como puñetazos.

Honorata no sabe leer ni escribir. Solo habla quechua. Esta mujer de manos callosas, rostro gastado y ajado por el frío y los años aprendió a no llorar como sí lo hacen otras mujeres. O quizá las lágrimas se le acabaron en la juventud.

Honorata tuvo once hijos. Se le murieron seis. Los cinco sobrevivientes huyeron de la situación crítica de pobrezaabandonando a su madre. Van a ser diez años desde que vive sola y solo con los 200 soles que recibe cada dos meses del Programa Juntos.

Más pobres

La realidad es dura en Cusco. Cuatro de cada diez son pobres. Viven mensualmente con 338 soles. En tanto, casi 70 mil personas que habían dejado de ser pobres en años pasados volvieron a caer en ese bolsón de miseria. “A eso se le llama ‘la pobreza más triste’. Es duro para una persona volver a una situación de carencia. No solo hay un efecto psicológico, también en la salud y el entorno familiar”, explica el economista Jean Paul Benavente.

Para el coordinador académico de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco, Rafael Vargas Salinas, si además del ingreso mensual se considerara otros aspectos como la falta de acceso a salud, agua, educación, vestido, el número de pobres se multiplicaría por tres en zonas rurales. A eso se le conoce como pobreza multidimensional.

El economista José Orós refiere que si las cosas no cambian, la pobreza multidimensional irá creciendo entre 1% y 2% anual.

Millones en el aires

En las casas de Lauramarca, comunidad a dos horas de la ciudad de Cusco, no hay perros. No hay necesidad de contar con esos animales que ahuyentan a los ladrones. En Lauramarca no hay nada qué robar.

La casa de Martín Yucra Luna es una vetusta construcción de adobe con techo de calamina que se descascara como una costra.

Adentro, el piso es de tierra y el ambiente sirve a la vez de cocina, almacén y comedor. Sus alimentos son preparados en un fogón alimentado con leña. Toma el agua cruda de un manantial que llega a su casa por tubos. La potabilización del líquido es una excentricidad en este lugar. Usan un silo para aliviar sus necesidades.

Martín, sus cuatro hijos y su esposa reúnen los rasgos que los hogares y personas deben tener para entrar en el perfil de la pobreza del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

“El gobierno regional está haciendo obras en Tinque, que es un anexo y no una comunidad madre como Lauramarca. Nos están excluyendo. Dígale eso al gobernador (Edwin Licona)”, nos dice Martín, que piensa que trabajamos para la región.

“Cada cierto tiempo llega gente de la región para hacernos encuestas sobre qué necesitamos y después no hacen ninguna obra”. La observación de Martín conduce a un asunto clave para entender en algo esa paradoja de que Cusco tiene un bolsón tan alto de pobres cuando ha sido la región –después de Lima– donde más inversión pública se ha realizado.

La inversión de los tres niveles de gobierno (Ejecutivo nacional, Gobierno Regional y municipalidades) ha sido opulenta. Desde el 2004 a la fecha (incluye el presupuesto de este año), se gastó y mal casi 80 mil millones de soles, casi el equivalente al presupuesto nacional del año 2010, ascendente a 88 mil millones de soles (ver infografía).

Corrupción e ineficiencia

¿Dónde fue a parar tanto dinero? ¿Por qué Honorata y Martín, y sobre todo los niños, no han recibido ni un sol de esa millonaria cantidad de dinero? ¿Por qué siguen siendo pobres en una Región rica?

Varios especialistas coinciden en que la plata se perdió en corrupción, obras mal hechas y excesiva burocracia. Vargas Salinas refiere que el mal uso del canon gasífero y minero se refleja en obras que no han servido en nada o que no eran prioritarias: estadios, plazas de toros, palacios municipales, piscinas.

La Mesa de Concertación para la Lucha Contra la Pobreza opinó que la corrupción generó “pérdidas económicas y pérdida de confianza en los gobernantes”. Eso condujo, añadieron, a la paralización de los principales proyectos regionales. Se puede mencionar la avenida Evitamiento, el hospital Antonio Lorena, el Gasoducto Sur Peruano y el Aeropuerto Internacional de Chinchero.

José Orós recordó que gran parte del dinero estatal se pierde en el pago de coimas, ampliaciones de presupuesto, adendas, entre otros, como se ha visto en el caso Lava Jato: “Es un mal que ha contribuido a retroceder en crecimiento y lucha contra la pobreza“.

Muchas autoridades despilfarraron el dinero. A inicios de 2015, un agricultor de Echarati, Felipe Quispe Suma, se quejó por sus plantaciones de plátano que estaban siendo diezmadas por la mosca de la fruta. Había un proyecto de la comuna para ayudarlos, pero Felipe jamás recibió un sol.

Dos ex alcaldes de Echarati (Elio Pro y José Ríos) están buscados por la justicia por haber malgastado el dinero que podría haberse destinado a ayudar a agricultores como Felipe.

 

Por si eso fuera poco, hace tan solo tres días, la Contraloría detectó que el alcalde de Chumbivilcas, David Vera, quiere digitalizar 279 colegios con una inversión de S/ 4 millones 998 mil 175.68 soles. Buena iniciativa, pero 11 instituciones no cuentan con suministro de energía eléctrica y 243 carecen de servicios de telefonía e internet. Un proyecto inviable. ¿Cuántas obras de este tipo se hacen en toda la región? Nadie se anima a dar una respuesta.

Otro factor considerado como causa del aumento de pobres, dicen los economistas, es el descuido de la inversión en proyectos productivos. Se dejó de lado los sectores turismo y agropecuario, que son los que generan la mayor cantidad de puestos de trabajo.

No llegó el progreso

En los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala, la economía del país creció a niveles de 4% y 7%. En esas tres gestiones se habló de chorreo, de enseñar a pescar antes que dar pescado, de inclusión social y de una gran transformación a favor de los más necesitados, pero nada cambió. Los que pagaron los platos rotos de la desatención gubernamental fueron los pobres.

Eso lo sabe Andrea Saire, que siempre ha vivido en la carencia. En su casa de adobe se respira pobreza, desorden y tristeza. Sobrevive con los escasos ingresos que obtiene por la venta de pequeñas prendas que teje (away) en las ferias. A la vez, ofrece agua mineral y gaseosa en una mesita colocada al borde de la carretera Interoceánica en la comunidad de Llullucha (Ocongate). “No era cierto el cuento de que la carretera iba a traer desarrollo”, se lamenta en quechua.

Tampoco era cierto que el crecimiento económico iba a llevar desarrollo y bienestar a los pueblos más pobres del país. Lo saben Honorata, Martín y Andrea. La única verdad es el daño que causa la pobreza. Se ve en los ojos de Andrea, que se llenan de lágrimas mientras su cuerpo se estremece entre las sacudidas de un llanto silencioso.

Indicadores preocupantes en desnutrición y anemia

– Son casi las nueve de la mañana del viernes y el frío entumece los pies y brazos. A lo lejos, entre el ichu y las piedras descienden tres niños. Alcides y Abel Chillahuani son gemelos de ocho años, aunque parecen de cinco. Su primo Rusbel Chillahuani tiene la misma edad y es tan pequeño como ellos. Vienen a recibir clases junto a otros 57 niños en la institución educativa 50541 de Calacocha.

– Son niños de campesinos de Waracha. Visten buzo o pantalón desgastado y sucio. Calzan ojotas de jebe y cubren su cabeza con un chullo. Aunque la temperatura hiela los huesos, ellos se muestran indiferentes a la brusquedad del frío. Se despiertan a las seis de la mañana para tomar su desayuno y a las siete emprenden una caminata de una hora y media.

– A finales del 2016, el 98% de niños de Calacocha eran anémicos, según la medición hecha por la ONG Suyana. Es improbable que la situación haya cambiado el año pasado. A nivel regional, 55 de cada 100 niños sufren de anemia.

– Según la OMS, cuando ese índice supera el 40%, hay un problema de salud pública. La desnutrición crónica infantil en menores de cinco años asciende a 13,4%. En Quispicanchi es de 27,4%.

– La directora del colegio, Diana Paravecino, refiere que eso se debe a la mala alimentación. Su desayuno consiste en agua azucarada con pan o papa sancochada. “Los niños viven abandonados por sus padres. Duermen, despiertan y vienen al colegio con la misma ropa. Y así durante un mes”, refiere.

– Salta a la vista que los niños tienen anemia y desnutrición. Son delgados y de estatura muy pequeña. Pese a esa situación, el INEIdecidió que Ocongate quede fuera de los distritos más pobres y, por ende, se suspendió el almuerzo escolar. Esos males impiden su rendimiento académico. Si aprenden a sumar un día, al día siguiente lo olvidan. “Su nivel de aprendizaje apenas llega a la mitad de lo que registran los niños de las zonas urbanas ”, precisa el docente Juan José Arque.

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