LA TRIBU NEOLIBERAL Y DOGMATICA DE MARIO VARGAS LLOSA

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Muchos economistas formados bajo el manto del neoliberalismo, toman a Mario Vargas Llosa, como un referente en esta ciencia, y repiten las supuestas verdades que parten de categorías supuestamente objetivas que se derivan mas bien de la comodidad material de vida que lleva el escribidor y los pisos de la elite mundial al que frecuenta.

Mario Vargas Llosa en su libro, la llamada de la tribu, busca a través de la metafísica, separar la vida material de los hombres del contexto económico y social en la que se desenvuelve y del cual es su producto. Busca explicar categorías como la libertad, la democracia, como valores que se hallan desgajados del lugar que los hombres ocupan en el ámbito productivo, como propietarios o no propietarios de los medios de producción. Busca explicar fenómenos como el caudillismo y el seguidismo económico y político, como un retorno a la organización de la tribu, como formas de retorno cultural a formas irracionales de organización.

A partir de este proceso subjetivo e idealista, explica la caída de la Unión Soviética y el retorno a este mundo irracional, y le adjudica este hecho a Margareth Thatcher y Ronald Reagan, a quienes califica como “…grandes estadistas…ambos contribuyeron…al desplome y desaparición de la URSS, el mayor enemigo que ha tenido la cultura democrática, pero no había en ellos nada del líder carismático, aquel que como Hitler, Mussolini, Peron o Fidel Castro, apela sobre todo al “espíritu de la tribu” en sus discursos…apelando…al irracionalismo del ser humano primitivo que anida en el fondo mas secreto de todos los civilizados, quienes nunca hemos superado del todo la añoranza de aquel mundo irracional-la tribu-cuando el hombre era aun una parte inseparable de la colectividad, subordinado al brujo o al cacique…” (LLosa, 2018, págs. 21-22), y demás argumentos descriptivos a la que el novelista llama verdades, oponiendo a este “oscuro proceso de vuelta a la tribu”, a los liberales, afirma el literato, “el liberalismo no es dogmático, sabe que la realidad es compleja y que a menudo las ideas y lo programas políticos deben adaptarse a ella si quieren tener éxito, en vez de intentar sujetarla dentro de esquemas rígidos…”[1].

Analizar la libertad y la democracia sin considerar la vida material de los hombres, de donde se derivan los valores y los principios es idealismo puro, donde los sentimientos expresados por la vida cómoda del escribidor son evidentes, y esto se explica, porque nunca entendió la dialéctica, en su corta militancia por el Partido Comunista “…de que creía en el materialismo histórico y la lucha de clases, pero no en el materialismo dialéctico…”[2]. No se puede entender el materialismo histórico y no ser dialéctico. La dialéctica es la ciencia del estudio de las leyes del movimiento en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Los fenómenos económicos, sociales y políticos, no pueden ser estudiados prescindiendo de su objetiva presencia y su evolución en la historia, de allí el nombre de materialismo histórico. El movimiento es la parte cultural y de comprensión que el hombre en su evolución va generando diferentes niveles de percepción del mundo y su posición sobre la faz de la tierra, del que se desprenden determinadas leyes que el hombre busca entender a través de la ciencia.

En las economías liberales, la libertad y democracia tiene amplitud para los grandes monopolios y consorcios, la libertad de imponer precios, por ejemplo cobrando una adicional en los pasajes de LATAM por escoger los asientos, o el cobro de la llamada membresía por parte de los bancos, sin que estos tengan costo real alguno, o el precio de los medicamentos que en el interior del país es 10 o 15 veces mayor al de Lima, no es igual a la libertad que tienen los campesinos, cuyo precio de sus productos responde a la oferta y la demanda del mercado. Esto, solo se explica por la estructura de mercado en la que trabajan, donde las estructuras oligopólicas de los primeros les permite tamaña libertad económica, no así en el caso de los campesinos, donde la competencia no le permite recuperar sus costos.

La libertad de imponer determinados modelos económicos que permitan la mayor ganancia viene de los consorcios y los monopolios a través del apoyo económico a los partidos que los representa, ahí cerquita esta el caso Odebrecht o la CONFIEP encontrados en los casos de corrupción que se ventila actualmente en la justicia, del cual se deriva procesos democráticos desiguales, donde los pobres atosigados por la publicidad política se han convertido en parte del juego mercantil en los procesos electorales, donde la izquierda no goza de los mismos beneficios.

“…no somos anarquistas y no queremos suprimir el Estado. Por el contrario, queremos un Estado fuerte y eficaz…El estado debe asegurar la libertad, el orden público, el respeto a la ley, la igualdad de oportunidades”[3]. Discurso que no encierra verdad alguna. EE.UU., tuvo el privilegio de ser potencia mundial gracias a la riqueza transferida por los países pobres a través de la producción industrial, donde la compra de materias primas con precios impuestos y la venta de productos manufacturados también impuesto por estos, le permitió este privilegio que ahora le a sido arrebatado por China, a cuya razón TRUMP, ha cerrado el mercado norte americano.

Al autor de la Tía Julia y el Escribidor, le falto identificar en la tribu, a ese cordón humano que usualmente rodea al cacique, brujo o caudillo, como asesor o consejero, cuya tarea principal es adular a este para ser partícipe de los privilegios que otorga el poder, y ese papel es el que cumple el autor de la obra, de cuya tribu no puede salir.

[1] Ídem, pág. 25

[2] Ídem, pág. 13

[3] Ídem, pág. 26

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