LA OFERTA Y LA DEMANDA EN EL MERCADO ELECTORAL

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En la mayoría de los países, las candidaturas presidenciales, regionales, municipales y demás representaciones políticas se forjan y se forjaron con militantes formados doctrinariamente, donde las propuestas llevadas a la ciudadanía responden a determinados visiones y objetivos en la construcción de la economía y la sociedad.

Las relaciones sociales de producción, determinan el lugar que el hombre ocupa en el ámbito de la producción, como propietario y no propietario de los medios de producción, en lo político, la defensa de este lugar se refleja en la presencia de los partidos políticos de derecha e izquierda. Los primeros buscan impregnarle a la sociedad objetivos materiales orientados a la búsqueda de la ganancia o la utilidad a nombre de la productividad, la eficiencia y la eficacia, orientando sus economías a financiar la actividad política de los partidos que defienden el modelo, donde supuestamente el interés egoísta de los empresarios en el logro de sus ganancias, genera beneficios indirectos para el resto de la población; los segundos, buscan como objetivo al hombre, preservar y garantizar la presencia del hombre en el mundo, buscar crear oportunidades de vida y realización personal para todos los miembros de la sociedad.

Esta diferencia sustancial se aprecia en la sociedad en la percepción que se tiene sobre la educación y la salud, para los primeros (la derecha), la eficiencia y la calidad es la que supuestamente descansa en la utilidad o, la ganancia, convirtiendo en nuestro país en viles negocios, con resultados contrarios a los prometidos. Para la izquierda la salud y la educación son derechos fundamentales de la población.

Los empresarios (dueños de los medios de producción), para poder garantizar una economía que se oriente a acrecentar sus ganancias, se agrupan en su sindicato, la CONFIEP (ojo, no hablamos de los micro, pequeños y medianos empresarios), y en lo político orientan sus recursos para financiar los costos de los partidos de derecha, algo conocido ahora últimos por las declaraciones de Roque Benavides, presidente de esta organización que tercero en la transferencia de 200 mil dólares a fuerza popular, con el objetivo, según el personaje aludido, de salvaguardar la vida del modelo económico.

Los 90, no solo sirvió para construir un modelo a la altura de las exigencias monetarias de la derecha, sino también para garantizar su sobrevivencia, tuvieron que crear una sociedad que respondiera a este objetivo, alterando los procesos en la formación educativa de los peruanos, convirtiéndolos en receptores de publicidad e imágenes en las coyunturas electorales, direccionados por los grandes medios de comunicación, cuyos propietarios son miembros del sindicato aludido.

Crear fragilidad institucional en el aparato del estado, que, a cuenta de la expansión de la economía China, logró expandir nuestra economía y hacer rico al estado, fue otro de los objetivos, construyendo una constitución política que permitiera el robo en los diferentes niveles del gobierno, cuyos brazos logró alcanzar a todos los poderes públicos.

La angurria y la avaricia despertada en un segmento de la población dedicada al quehacer “político”, permitió introducir reglas de un mercado anárquico, destruyendo partidos políticos y convirtiendo los espacios electorales en viles negocios, donde la inversión electoral fue introducida como variable económica. En este contexto los outsider remplazaron a los cuadros formados en los partidos, los que, para el gusto de la derecha económica, no solo impusieron su percepción de inversión pública y adecuaron las instituciones a sus apetitos (el caso Odebrecht), sino lograron incorporar la corrupción como parte de la dinámica del sector público. En este contexto, un fenómeno que aparece común a muchos países en América Latina, es la presencia de organizaciones religiosas, que aprovechando el orden jerárquico en sus files vienen convirtiendo sus negocios en organizaciones políticas.

Los frentes electorales convertidos en negocios y la presencia de estos outsider en el Perú, han logrado imponerse en las coyunturas electorales últimas, donde los ganadores no son parte de la estructura orgánica de los partidos, ni los representan ideológicamente, por lo tanto, no garantizan resultados en una economía que necesitamos.

En este contexto, los partidos de izquierda, buscan persistir en la formación política de los jóvenes, recuperando el carácter humano de la sociedad y la responsabilidad de la sociedad en construir un país con oportunidades de vida y formación para las generaciones que vienen.

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