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Politica

¡DOS CARAS DE LA CRISIS!

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La procesión que va por dentro en las filas de Fuerza Popular. El problema de perder congresistas de uno en uno. ¿Le conviene a Kenji que renuncie Martín Vizcarra? El mal perfil de un posible sucesor.

Como en la situación previa al primer intento de vacar al Presidente, la debilidad del enjuiciado acapara los reflectores. Pero la situación del sector político que lo vacaría, Fuerza Popular, es también de crisis, aunque de otra naturaleza. Ante todo porque no controla su sangría de parlamentarios. Un líder fujimorista le dijo a su interlocutor, la semana pasada:

–La situación es perversa y misteriosa. No sabemos quién será el próximo.

Se refería al hecho de que con toda probabilidad habrá más renuncias en la bancada de Fuerza Popular. Ocurrirían en los próximos días o incluso después de la segunda votación de vacancia contra Pedro Pablo Kuczynski. No saben cuántos serían. Tampoco están identificados. Hay un conjunto amplio de sospechosos, y pocas posibilidades de saber qué es lo que realmente piensan.

Keiko contra todos

Keiko Fujimori dijo que respetará el orden constitucional.

 

¿Por qué lo de perverso? Porque el suspenso parecería premeditado. Podrían irse todos de una vez. Pero no: se van de uno en uno, como para desmoralizarlos. El último que renunció, Luis Alberto Yika, los sorprendió por completo.

–Lo peor de todo– continuó el dirigente de Fuerza Popular –es que los que pueden irse asisten a nuestras reuniones, y saben lo que discutimos.

Yika era uno de ellos. Para un sector de la cúpula fujimorista, Keiko Fujimori no solamente se enfrenta a su hermano Kenji y a su padre Alberto, más todos los desplazados por su liderazgo en el partido –algunos históricos–, sino al gobierno completo, ya dispuesto a disponer de recursos para proyectos locales que requieren los parlamentarios provincianos que los traicionarían. Esto de los recursos no está comprobado, pero se da por cierto.

–Es una alianza amplia, que quizá va hasta Montesinos– remató, sombríamente.

Peores presagios

Involucrar a Montesinos parece una exageración–aunque tuiteó contra Keiko hace unos días–, pero otra fuente de este sector dijo rotundamente para esta nota:

–No habrá 59 votos para vacar a Kuczynski, con toda seguridad. 59, por ahora, es la cifra oficial de la bancada.

Hay un conjunto amplio de maltratados que sienten que no fueron escuchados, eso ya se sabe. Ahora sienten que Kenji, aliado con el gobierno, puede serles más útil que Keiko. Un mensaje importante, el sábado pasado, fue la presentación de PPK en Puno con Lucio Ávila, quien renunció en febrero a la bancada de Fuerza Popular y es originario de ese departamento.

–Digo más– añadió la segunda fuente–; en el partido ya se habla de que una alianza adversa, más adelante, podría quitarnos la Mesa Directiva del Congreso.

Haciendo números

Hay quienes aún se están preguntando con cuál de los hermanos les irá mejor. Kenji suma doce parlamentarios, contándose él mismo, y cree que el máximo posible que podría lograr sería 25. No solo lo dice en privado. Se lo comunicó a la bancada de PPK antes de la admisión al debate de la primera vacancia, en diciembre del 2017, al anunciarles que los ponía a disposición de la gobernabilidad. Como esto no se materializó en la votación que admitió el debate –solo él votó en contra– su crédito cayó momentáneamente, y por eso luego sus diez votos que salvaron a PPK fueron una sorpresa. La anécdota muestra, en retrospectiva, que Kenji tenía en mente un número mucho mayor.

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La suerte de PPK está echada si Kenji no recluta a ninguno nuevo durante la próxima votación de vacancia. Aún con unos pocos la destitución procedería si hay votos imprevistos por el Sí en otras bancadas. Nada es seguro. Pero, en un caso u otro, hay que preguntarse si la tendencia de crecimiento del sector de Kenji tendrá su techo con esta votación.

La utilidad de Kenji

Parecería que no. Kenji también podría crecer como colaboracionista en un gobierno del sucesor Martín Vizcarra, manteniendo una cuota de poder que le hace atractivo a los indecisos. Todo depende de la actitud que Vizcarra adopte ante la situación de Alberto Fujimori.

Otro factor: la popularidad de Kenji, con su imagen de Hijo Bueno, sigue creciendo en desmedro de la de su hermana. También este es un factor atractivo para los indecisos. Esta tendencia al alza aparentemente se mantendrá cualquiera sea el resultado de la votación.

A Kenji, paradójicamente, no le conviene que Vizcarra renuncie junto con la segunda vicepresidenta Mercedes Araoz si PPK es vacado. En ese caso gobernaría el presidente del Congreso, Luis Galarreta, quien convocaría a elecciones. Kenji requiere más tiempo para seguir aumentando popularidad y lanzar su candidatura. Su ocasión está en el 2021

Para Keiko, en suma, ganar la votación de la vacancia no resolvería sus problemas internos. Y perderla le significaría un mayor debilitamiento. ¿Por qué, entonces, amparó la moción valiéndose de las dos izquierdas parlamentarias?

–Porque no hacerlo hubiera sido peor hacia el interior –dijo una de las fuentes–. Una muestra mayor de debilidad. Pero esta vez, por si perdemos, dejamos mayor protagonismo a la izquierda.

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El enigma Vizcarra

En el otro bando, los leales a PPK enfilaron sus baterías contra Martín Vizcarra, ya en la seguridad de que juega en pared con la oposición fujimorista a través de César Villanueva, el ex premier de Ollanta Humala. Villanueva ha marcado distancia del partido donde está invitado, Alianza para el Progreso, que apoyaría a PPK. Vizcarra aún es un enigma como político en grandes ligas. En el gobierno se lo considera un traidor y se le augura una presidencia de papel, aún más vacilante que la de PPK.

En este entorno se recuerdan sus idas y vueltas cuando fue ministro de Transportes y Comunicaciones: detuvo la tramitación del aeropuerto de Chinchero ante una embestida parlamentaria, lo reinició, puso su cabeza en manos de la Contraloría, renunció súbitamente, sin consultar y sin dejar resuelto lo del proyecto. Después se resistió a asumir el premierato, que PPK quería encargarle. Fue en la crisis de 2017, cuando Fernando Zavala debía abandonar el cargo.

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Los consultados

En esa ocasión PPK hizo una ronda de consultas a representantes de partidos del Congreso. Uno de ellos fue Víctor Andrés García Belaunde, de Acción Popular, quien ahora votará de todos modos por su destitución. García Belaunde, uno de los críticos de Vizcarra por lo de Chinchero, desaconsejó su nombramiento. Alguien recuerda que dijo: “Lo vamos a hacer puré”.

Otro fue Mauricio Mulder, quien, informado de las reticencias de Vizcarra para asumir el premierato, dijo:

–Si no quiere, es que le falta coraje y no vale mucho como político.

García Belaunde confirmó sus objeciones de entonces para esta nota, aunque sin recordar las palabras que empleó. Añadió:

–Ojo, ahora respaldaré que asuma Vizcarra si PPK es vacado. Pero no porque me guste, sino porque le corresponde, como primer vicepresidente.

Fuente: http://larepublica.pe/ redacción por: Ricardo Uceda

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Opinión

LA NUEVA CONSTITUCIÓN DE LAS IZQUIERDAS

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La Constitución de 1993 cumplió 25 años a desdén de quienes la rechazaron y auguraron su pronta caída por espuria y neoliberal. Durante su vigencia, el debate sobre una nueva Constitución fue intermitente al término e inicio de cada gobierno; ocurrió a la caída de Fujimori y el ascenso de Paniagua, y en las elecciones del 2002, 2007, 2011 y 2016.  A principios del 2019, el debate parece avivarse entre las izquierdas que – a diferencia de coyunturas pasadas – exhiben liderazgos con cientos de miles de votos y posibilidades reales de disputar la Presidencia del Perú en el 2021. Sería aventurado afirmar que el Perú se encuentra en un momento constituyente, pero la conveniente situación es oportuna para plantearle a las izquierdas la siguiente pregunta: ¿tienen una visión común sobre la nueva Constitución que quieren proponerle a la ciudadanía, si acaso el Perú entrara en un momento constituyente los próximos años?

Para dar la respuesta, es necesario reproducir las versiones difundidas de algunos de los líderes nacionales y regionales, y los documentos de los partidos y movimientos de izquierda que se tiene al alcance. No son los únicos por supuesto, pero sirven de muestra para responder a la pregunta.

Por ejemplo, Verónika Mendoza dijo en distintas oportunidades que es necesario “…Un nuevo pacto entre peruanos… para dejar atrás el entreguismo y la corrupción… que permita la recuperación del Estado y la limpieza absoluta en el sector público… tal como están los contratos y las normas, el concesionario puede hacer lo que le dé la regalada gana con nuestro gas… (es necesario) recuperar la soberanía sobre nuestros recursos “.

Por su parte, Gregorio Santos dijo en varias oportunidades que es necesaria una nueva Constitución porque “…La crisis política no solo es una crisis de régimen, sino estructural y requiere como única salida un nuevo contrato social… para salvar la patria… (y) el mar, la cordillera y la patria vuelvan a ser de todos y no de unos pocos”.

En las oportunidades que tuvo, Marco Arana ha dicho que es necesaria una nueva Constitución por “…un nuevo modelo económico para que el país no siga siendo saqueado… un nuevo Estado que garantice justicia social y ambiental… para que la naturaleza sea sujeto de derechos…”

Desde el centro del país, Vladimir Cerrón coincide con la necesidad de una nueva Constitución porque “…Así se podrá revisar los contratos suscritos entre el Estado y las empresas mineras… y debatir el retiro del Perú de la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a fin de implementar la pena de muerte…”

Y desde el sur, Walter Aduviri, ha dicho que es necesaria una nueva Constitución para “nacionalizar los recursos como en Bolivia… donde el 82% de los recursos está bajo el control del Estado y el 18 % en manos de los privados”.

que se vayan todos… cierren el Congreso

Hasta aquí, los discursos condicen con la agitación de las calles de fines de 2018: “que se vayan todos… cierren el Congreso” y no están sistematizados en un documento o si existen, no están difundidos. Para ahondar en las anteriores respuestas, es pertinente leer los planes de gobierno de las ocasiones en que los líderes antes mencionados postularon en las elecciones generales o las elecciones regionales últimas.

Se tiene el plan de gobierno del Frente Amplio cuando Verónika Mendoza fue candidata a la presidencia de la República y Marco Arana a la Vice Presidencia en el 2016; que en la parte de visión del plan de gobierno, dice:  “El Frente Amplio surge en la política peruana para… contar con un estado social de derecho, plurinacional, representativo y profundamente democrático, que sea promotor del desarrollo… asume como horizonte paradigmático el “Buen Vivir”… las nuevas relaciones entre sociedad, mercado y estado deben estar consagradas en una Nueva Constitución Política que exprese un nuevo acuerdo político … que sea garante de los derechos y de los intereses de las grandes mayorías nacionales y no expresión… de grandes grupos empresariales…”

El plan de gobierno de Democracia Directa que en el año 2016 lanzó a la Presidencia de la República a Gregorio Santos, dice en la parte de lineamientos estratégicos y ejes programáticos: “7. Nueva Constitución para forjar la República de Democracia Total en el Perú. Las profundas transformaciones que requiere… el Perú tienen como «camisa de fuerza» la actual República… Neocolonial, monocultural y elitista… la Constitución Fujimorista de 1993… que convalida el modelo neoliberal de crecimiento concentrador, excluyente, depredador…. Para hacer posible la Transformación Nacional… se hace ineludible…  el poder constituyente…  forjado por… los pueblos amazónicos y…  pueblos originarios”.

Aunque un movimiento regional no tendría por qué  referirse a una nueva Constitución, el plan de gobierno del Movimiento de Integración por el Desarrollo Regional que llevó al candidato Walter Aduviri al Gobierno Regional de Puno el año 2018, tiene un enunciado provocador en la parte introductoria: “…Se trata de defender nuestro orden… nuestra existencia, nuestros recursos… nuestro territorio… Se trata de… iniciar un gran PACHAKUTI que permita retornar a las leyes naturales y restablecer… el ordenamiento cosmogénico, a través del Pensamiento Pacha… Nuestro camino es reescribir nuestra historia aun ignorada, con la esperanza de un día juntarnos todos en una gran huatiada… para compartir una sociedad justa y solidaria…”

Intentando un resumen de los discursos y los documentos: las izquierdas coinciden en la necesidad de construir una institucionalidad sobre la realidad diversa de la sociedad peruana a la que puede llamarse plurinacional porque cuenta con grupos sociales, pueblos originarios, culturas, lenguas, expresiones artísticas, etc. que no son visibilizados por la Constitución del 1993 y por ende son ignorados en el reconocimiento de sus derechos. Por ejemplo,  el derecho del pueblo Aymara o el Awajún a la consulta previa, estuvo lejos de ser importante para los redactores de la Constitución de 1993 lo cual, tendría que ser corregido por una siguiente.

Coinciden también en la necesidad de otro modelo económico para hacer que los recursos del país sean explotados con respeto al medio ambiente y en beneficio de los peruanos, sin que sean “entregados” a empresas transnacionales a precios irrisorios que luego dejan una renta injusta para los peruanos y que incluso son beneficiadas con la reducción de los tributos que deben pagar al país como es el caso de las empresas mineras; como bien apunta Manuel Dammert, se necesita una economía que “asegure que la extracción de los recursos naturales como el gas y los minerales sirvan para el desarrollo de los sectores populares y no para enriquecer a las grandes empresas”.

La crítica al modelo económico se da también porque es un germen de corrupción. La Constitución del 93 instituye los contratos ley y las asociaciones público-privadas que ofrecieron reglas de juego favorables a grupos como Odebrech, OAS, “el club de la construcción”, etc. cuyas inversiones contaron con el andamiaje legal propicio para “coimear” a funcionarios públicos y promover leyes y reglamentos a su conveniencia, sin que el Estado haya tenido el suficiente poder fiscalizador durante los gobiernos de Fujimori, Toledo, García y Humala. Los procesos penales y prisiones preventivas que se dieron a lo largo del 2018 que involucran a los cuatro ex presidentes, así como ministros y funcionarios de mando medio, arrojan abundante evidencia sobre esta afirmación.

En conjunto, las izquierdas expresan intenciones, pareceres, anhelos, pero no su propuesta de Constitución para el país o el modelo a seguir: (¿Bolivia, Ecuador, Venezuela?); y si bien hay coincidencias, existen también notorias diferencias que llaman la atención que es necesario ponerlas en relieve.

Por ejemplo, Walter Aduviri propone la nacionalización de los recursos naturales al igual que Democracia Directa, algo que no se escucha en los discursos (más cautos) del Frente Amplio o de Nuevo Perú. Otra propuesta disonante es la de Vladimir Cerrón que aboga por la implementación de la pena de muerte y el retiro de la Corte Interamericana, algo que no se escucha en ninguna otra tienda y que sería inaceptable para los  no partidarizados – defensores de derechos humanos.

En resumen, si bien las izquierdas coinciden en la necesidad de una nueva Constitución para instituir un país plurinacional, lograr el cambio del modelo económico  y forjar un instrumento con el mayor peso jurídico para luchar contra la corrupción; no tienen una visión conjunta de la Constitución que quieren para el Perú, tanto más que guardan diferencias respecto al modo de explotación de los recursos y el tratamiento de los derechos humanos. Esto no quiere decir que sea necesaria la presentación de una propuesta escrita, sino consensos mínimos entre las izquierdas antes de entrar a un diálogo de largo aliento con la ciudadanía peruana en un momento constituyente.

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Opinión

La cuarta pregunta

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Los resultados del referéndum han sido un repudio contundente a las fuerzas del fujimorismo y del aprismo que habían constituido la mayoría en el actual Congreso de la República. Todas las preguntas planteadas han sido contestadas, de manera abrumadora, en la forma aconsejada por el Ejecutivo y las fuerzas progresistas (SI-SI-SI-NO).

De manera categórica, la ciudadanía ha aprobado la reforma del Consejo Nacional de la Magistratura (que elige a los jueces y fiscales), el control de la financiación de los partidos políticos, la no reelección inmediata de los congresistas. Estas instituciones han sido censuradas de manera masiva debido a la acción rancia y corrupta de magistrados y políticos adueñados de sus riendas.

El voto popular ha rechazado, también tajantemente, caer en la trampa que le planteó el desprestigiado Congreso de la República respecto a la reinstauración de la bicameralidad. La mayoría de los congresistas pusieron, de contrabando en esta pregunta, aspectos que vaciaban de contenido gran parte de la reforma constitucional.

Sin embargo, éste último resultado debe ser meditado con cuidado, porque la médula de una democracia constitucional es el control del poder político. Los congresistas todopoderosos del parlamento actual no tienen quién les controle y el resultado son el con conjunto de exabruptos, excesos y corruptelas de todos los días. Por eso: ¿Hay necesidad de una Cámara de Senadores? SI. ¿Cualquier Cámara de Senadores? NO.

La bicameralidad que requieren los pueblos aplastados por el centralismo político postcolonial organizado a favor de los grupos poderosos y acomodados de Lima (y otros centros del poder) tiene que ser diferente a esa envejecida estructura: debe dar voz a los distintos pueblos y territorios que conforman el Perú.

Necesitamos una segunda cámara en el Parlamento, que represente a las regiones, a los pueblos y a sus territorios, incluso a los pueblos indígenas.

El Perú es un Estado integrado por naciones diferentes que deben ser reconocidas, apreciadas y celebradas políticamente. La gran diversidad cultural, étnica, social, lingüística, nuestra realidad plurinacional, requiere un proceso profundo de regionalismo, de autonomía y de descentralización para que, dentro de la unidad necesaria, se puedan alcanzar formas y niveles amplios de autogobierno.

El reconocimiento de las identidades y necesidades regionales hace urgente un bicameralismo en el que la primera de las cámaras represente a todos los ciudadanos, mientras que la segunda sea una cámara territorial que represente a los ciudadanos en cuanto comunidad regional, cultural, lingüística. Si los pueblos y sus territorios nos vemos representados en la conformación del interés general, entonces aumentará la legitimidad del Parlamento y, limitando el poder de los centralistas de siempre, podremos dirigirnos al desarrollo sostenible y bonito para todos los pueblos y todas las personas.

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Politica

Segundo mensaje a la señora Fujimori

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César Hildebrandt

Señora Fujimori:

Dicen los que la quieren que usted estaría en libertad si no se apellidara como se apellida.

Tienen razón. Si usted no apellidara como apellida jamás se le habría ocurrido sentirse heredera natural y dinástica de su padre, el presidente que se hizo dictador cerrando el Congreso y copando todas las instituciones que garantizaban el equilibrio democrático.

Si usted no apellidara Fujimori, jamás hubiese sentido el “llamado mesiánico del destino”, que es una manera operística de llamar a la ambición monda y lironda.

Pero como usted es Fujimori, se­ñora, se puso las botas del trabajo, el overol de la reconstrucción, y recorrió el país para hacer un partido. No era un partido convencional, claro. Era una organización hecha a su medida. Usted había visto a su padre mandar, gritar, apelar a todos los recursos para abatir a los desafectos y demoler a los adversarios, dar sombrías instrucciones, suponer, en suma, que el país era como Pampa Bonita -el fundo que su padre hizo suyo haciéndose pasar por agricultor ante las autori­dades de Reforma Agraria-. Usted había visto a su padre maltratar a su madre, proteger a la parentela de uñas largas, tener a Montesinos de socio y consejero.

Y usted hizo más o menos lo mismo: creó un linaje de esclavos pavlovianos, un círculo anuente de gente dispuesta a todo con tal de avanzar y encargó a operadores regionales de absoluta confianza la creación de una red que recordara a quien quisiera oír­lo que el fujimorismo había regresado en versión recargada y matriarcal.

Para continuar con la obra de su padre no necesitaba usted más, señora. Al fin y al cabo, ¿qué es el fujimorismo? No es un cuerpo doctrinario, no es una visión del desarrollo, no es una filiación ideológica. El fujimorismo fue la ambulancia que la gente de­mandó después de que los ladrones de 1985-1990 destrozaran el país. Lo que pasa, como todos recuerdan, es que de esa ambulancia bajaron médicos y en­fermeros

El fujimorismo es el pragmatismo que no pasa por los escrúpulos. Es la globalización desde el agachamiento. Es la derecha armada y con instinto popular.

Su padre tiene seguidores, señora, pero esas son las turbas que aplau­dieron igualmente a Sánchez Cerro, a Benavides, a Odría. Turbas que la derecha ventral supo siempre cultivar y dirigir. Turbas que amaron siempre, a veces con suicida vocación, el orden de la injusticia, que es el que más coerción requiere. Turbas que explican las desgracias más infames de nuestra historia.

No crea usted, señora, que esas gentes tienen alguna consistencia anímica, algún apego que no sea el ventajismo, alguna lealtad que no sea la del puesto de trabajo entregado.

Volviendo a lo nuestro, señora. Usted reconstruyó el partido que su padre había destruido con su fuga de escándalo y su renuncia remota formulada desde Tokio, su capital sentimental. Pero en vez de aprender de los errores, usted repitió el shogunato de su papá. Se equivocó, señora. Gran error. La fórmula tiránica de su padre funcionaba desde el poder, ese poder que él hizo excluyente después de dar un golpe de estado. Esa fórmu­la no daba resultados en el llano de la competencia democrática. Porque un partido que aspira a llegar al po­der necesita gente que piense, no que obedezca, colaboradores que apor­ten, no que esperen órdenes, socios que entiendan, no que se refugien en paporretas. La manada que convocó su padre una vez que se hizo con el poder absoluto daba la apariencia e funcionamiento porque detrás de ella estaba el mecanismo del estado, los automatismos de los ministerios, los recursos ingentes del presupuesto. La manada que usted quiso para sí quedó al desnu­do en su ineptitud apenas empezaron las dificultades.

Cometió usted otro error: quiso deshacerse formal­mente de la figura de su padre y separarse de verbalmente de su legado. Otra equivocación enorme, señora. El único fu­jimorismo realmen­te existente es el de su padre. Al renegar de esa herencia por razones electoreras y siguiendo consejos disparatados, usted quedó en el aire, tan desasida como la mano de Martín Adán. ¿Dónde están las ideas del neofujimorismo que usted quiso encarnar? Son innombrables porque no existen, señora. El fujimorismo es, en el mejor de los casos, un recuer­do crispado y tiene el sello de su padre. Usted tenía la franquicia, señora. Pero quiso usted cambiar de marca y mire lo que ha pasado.

¿Qué creía usted? ¿Dónde cree que se puede llegar teniendo a Luz Salga­do de guardiana doctrinaria, a Rosita Bartra de compañía intelectual, a Héctor Becerril de operador político, al matón de Pier Figari como filósofo, a ÚrsulLetona como argumentista, a Leyla Chihuán de chaleco? ¿No ve, señora, que en vez de un partido lo que construyó fue una iglesia pagana donde usted estaba en los altos aposentos y la feligresía decía adorarla y gozaba obedeciéndola? Para la histo­ria de la vergüenza están, señora, sus mensajes conminatorios sobre cuándo aplaudir y cómo, a quién saludar, a quiénes desairar.

Ha despilfarrado usted, señora, todo el capital político que tenía en julio del 2016. Lo ha hecho con un brillo letal. Sus partidarios -es de­cir, los simpatizantes de su padre que veían en usted su filial reincidencia- la hubieran querido ver presidiendo una oposición con temple de estadis­ta. Lo que vieron todos los peruanos fue una persona entregada a una rabieta de falsa víctima, aconsejada por la taradez de su entorno, envenenada por sus aduladores. Y el resultado fue que el presidente electo fue vacado y la atmosfera política fue la más tóxica de los últimos años. Confundió usted otra vez las cosas. Creyó que su histe­ria derrocadora se iba a ver como coraje. Supuso que sus odios se iban a ver como revancha justiciera. Estaba segura de que sus diminutas conspi­raciones iban a quedar en el secreto de sus comunicaciones.

Ahora está usted presa, señora. Por supuesto que no me alegra. No me alegra como se alegraron usted y los suyos cuando a los Humala les tocó lo mismo -y con toda justicia-. Pero, por favor, no se haga ahora la víctima. Todo lo que le ha tocado se lo ha ganado usted a pulso.

¿Quién protege a Chávarry? ¿Quién estaba en contacto con César Hinostroza, el rufián que iba a ver su casación? ¿Quién dio la orden para fragmentar en cantidades pequeñas el aporte negro de Odebrecht? ¿Quién puso a Joaquín Ramírez de secretario general? ¿Quién le ordenó a Chlimper que fuera a RPP con 210,000 dó­lares en efectivo? ¿Quién aconsejó al señor Yoshiyama que denunciara el robo de varias computadoras donde estaba guardada parte de la conta­bilidad del partido? ¿Quién le dio la orden a los subalternos que le entre­garon a Rolando Reátegui 100,000 dólares para que se los atribuyera a falsos aportantes? ¿Quién ordenó chancar, demoler, sepultar al fiscal José Domingo Pérez?

Si algo no es usted, señora, es víctima. Reflexione al respecto.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N° 419   2/11/2018   p12

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